jueves, 2 de agosto de 2007

El hule

Sobre la mesa de madera, pintada de blanco, siempre hubo un hule protector. Cuando el uso lo estropeaba se cambiaba por otro. Los colores claros del fondo se salpicaban con motivos de todo tipo: frutas variadas, cacharros de cocina, grecas de diferentes estilos y, a veces, flores.
En las tardes de invierno, mientras hacía los deberes, la niña de entonces seguía con el dedo el recorrido de aquellos dibujos, imaginando historias de hadas y príncipes. Mientras hacía las cuentas de dividir o intentaba memorizar los monumentos de España o la geografía de la península o repasaba las páginas de la enciclopedia Álvarez, su dedito se iba inquieto a seguir el relieve inexistente de los dibujos del hule. Cuando toda la familia se sentaba a comer no hacía falta mantel, ya que aquel hule hacía las veces de cualquier mantel de hilo delicadamente bordado. Y tenía la ventaja de que al terminar se limpiaba fácilmente con un paño húmedo.
¡Ah!, esa cocina, con su mesa pintada y repintada de blanco, con su hule protector de tantos colores. Allí pasé largas horas de mi infancia, bajo la atenta mirada de mi madre, unas veces para que estudiase, otras para que comiese; siempre con la imaginación en otra parte, siempre soñando otras vidas, otros cuentos de hadas, otros reinos de alegría.

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Después de escribir estas líneas he buscado en internet la palabra "hule" y he encontrado un divertido árticulo en el blog siguiente: http://majaderos.blogspot.com/2006/09/el-hule.html
Me ha hecho mucha gracia saber, por la cantidad de comentarios que acompañan al artículo, que el recuerdo del hule forma parte de la infancia de tantos. ¡Qué pobres fuimos!